Historia de la Interpretación

Sin querer robar a quien por derecho le corresponda el epíteto de “la más vieja profesión del mundo”, los orígenes de la interpretación los encontramos ciertamente en los primordios de la Humanidad. Desde la diversificación de las lenguas y más concretamente desde que pueblos con lenguas diferentes comenzaron a relacionarse entre sí, surgió la necesidad de intermediarios que facilitasen la comunicación - y así aparecieron los primeros intérpretes.

La más antigua referencia conocida de un intérprete bajo la forma de jeroglífico egipcio del tercer milenio antes de Cristo, lo encontramos en una inscripción en el túmulo de un príncipe de Elefantina, que menciona un supervisor de intérpretes. Otras fuentes nos revelan que la interpretación formaba parte integrante de la administración pública en el antiguo Egipto y en Siria, siendo éstos una de las corporaciones entonces existentes.

Hay registros de intérpretes en la antigua Grecia y en el Imperio Romano, donde Cicerón ya establecía lo que permanecería como la regla de oro de la profesión: “sólo el necio traduce literalmente”. El Apóstol Pablo en su Epístola a los Corintios, hace la siguiente amonestación, "Y si alguien habla en lengua desconocida, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno, y uno interprete" (I Corintios 14:28).

En el Mundo Antiguo, sin embargo aunque su trabajo fuera indispensable, los intérpretes eran muchas veces despreciados y objeto de desconfianza al ser generalmente esclavos, prisioneros de guerra o habitantes de áreas fronterizas (i.e. de dudosa lealtad); porque hablaban con el enemigo en la lengua de éste sin que se supiera lo que decían; y finalmente, porque el dominio de lenguas incomprensibles les daba un aura extraña, de hechicero… No es pues de extrañar, que el emperador Caracala, ante una invasión inminente se empeñara en mandar matar a todos los intérpretes...

El estatuto del intérprete comenzó a tener más prestigio en la Edad Media, encontramos su actuación documentada en concilios y sínodos, en las peregrinaciones a tierras lejanas, en las Cruzadas, encuentros diplomáticos etc.

En el siglo XIV se otorgó por primera vez al término “interpretación”, derivado del latín, el sentido actual, aunque sólo en el siglo XX esta acepción se hizo de uso común. Entretanto, ya en el siglo XIII, el término drogman designaba un intérprete que trabajaba en Extremo Oriente, actividad que registró particular crecimiento con los Descubrimientos portugueses y consecuente florecimiento de las relaciones comerciales entre Occidente y Oriente. Uno de los intérpretes más famosos de la época fue el jesuita portugués João Rodrigues que vendría a ser el intérprete de la corte imperial japonesa, en las recepciones a delegaciones de misioneros y comerciantes occidentales.

En el Nuevo Mundo, se sabe que Colón trajo intérpretes en su expedición aunque de lenguas erróneas: hebraico, caldeo y árabe… Los españoles acabaron por capturar algunos indios, enseñarles castellano y aprovecharlos en viajes posteriores. Uno de los casos más conocidos y bien documentados es el de Doña Marina, famosa intérprete de Cortés en su conquista de México. Por otro lado, españoles prisioneros de los indios que habían aprendido su lengua y costumbres antes de ser liberados por otras expediciones, sirvieron también de intérpretes. En Canadá, la situación no fue muy diferente, aunque con una novedad: la creación del concepto de "intérprete residente". Franceses vivirían entre las tribus locales para aprender la lengua y costumbres (se esperaba mayor fidelidad de parte de un francés que hablase la lengua de los indios que viceversa). Estos "intérpretes residentes" vendrían efectivamente a desempeñar un papel fundamental en el comercio entre los franceses y los indígenas.

La interpretación de conferencias más próxima de lo que conocemos actualmente tuvo su inicio con la Primera Guerra Mundial. Anteriormente, las negociaciones internacionales se realizaban básicamente en francés, ya que era esa la lengua común a los diplomáticos de la época. Con la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra, se hizo necesaria la interpretación entre inglés y francés ya que algunos de los representantes americanos y también ingleses, no hablaban francés con la fluidez necesaria para las negociaciones. Se considera que el primero de los intérpretes modernos fue Paul Mantoux. Nacido y educado en Francia, era profesor en University College de Londres y fue el principal intérprete en las negociaciones del Tratado de Versalles, en 1918.

Casi treinta años después, al final de la Segunda Guerra Mundial, el Juicio de Nuremberg obligó a la utilización simultánea de cuatro lenguas: inglés, francés, ruso y alemán. La interpretación consecutiva sería impensable en estas circunstancias, pues ampliaría tremendamente la duración de las sesiones del Tribunal, por lo que IBM facilitó un equipo de interpretación simultánea que había desarrollado años antes y que nunca había llegado a utilizar. El Coronel Leon Dostert, intérprete del General Eisenhower, convocó a jóvenes intérpretes con experiencia en consecutiva y a otros sin experiencia en interpretación, aunque con excelentes competencias lingüísticas y tras algunos meses de experiencia y entrenamientos intensos, surgió el embrión de lo que vendría a ser la interpretación simultánea tal y como la conocemos actualmente.

Desde entonces, la interpretación simultánea ha venido a imponerse, no sólo en las grandes instituciones internacionales, como la ONU y la Unión Europea (¡actualmente con 23 lenguas oficiales!), sino también en el mundo de los negocios y de la cultura, donde se recurre frecuentemente a este tipo de apoyo lingüístico. Paralelamente, la técnica de interpretación consecutiva continúa siendo preciosa en las muchas ocasiones en que no es posible recurrir al equipo de interpretación simultánea.

Fuentes:
AIIC
Michael Cooper S.J.
Catarina de Moura
Reynaldo Pagura
E. Weiser